domingo, 1 de enero de 2012

CRISIS EN ESPAÑA



Tuve la suerte de crecer en un barrio de inmigrantes provenientes de varias partes de Europa. Los había italianos, españoles, portugueses, polacos, rusos y algunos gringos, alemanes e ingleses, que habían elegido mi país para “Hacerse la América” según su propia y original expresión. Desde mi niñez, varios años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial y en plena Guerra Fría, aprendí a amar a estos extranjeros cuyos hijos eran mis mejores amigos. Participaba de sus reuniones, fiestas y pude conocer sus diferentes costumbres que ahora integran esta gran cosmópolis que se llama Buenos Aires.  Yo mismo tengo cuatro abuelos italianos y no me cansaba de visitar locales y bares al paso de los “gallegos” donde tenía muchos conocidos y amigos. En Argentina llamaban en esa época “gallegos” a todos los inmigrantes españoles sin razón alguna, porque muchos de ellos eran madrileños, catalanes, vascos, andaluces, mallorquines, y de otras regiones que venían escapando de las nefastas consecuencias de su guerra civil de 1936-1939 y de las crisis económicas de esa época.

Y si evoco estos lejanos recuerdos es porque recíprocamente, esos países y en particular España (por razones de lenguaje), acogieron las grandes oleadas de emigrantes argentinos que escapaban de la dictadura militar que asoló a nuestro país entre 1976 y 1983 y de las políticas del ajuste neoliberal de la década de 1990.
Los representantes de nuestra cultura fueron bien acogidos por los españoles en oleadas de psicólogos, periodistas y actores y actrices de cine y teatro. Les menciono entre ellos a Héctor Alterio, Miguel Angel Solá, Federico Lupi, Pepe Soriano, Cecilia Roth, Norman Briski y tantos otros que ahora no recuerdo, pero son muchos.

A su vez, disputamos cariñosamente a las grandes figuras de la canción española como Carmen Sevilla, Rocío Durcal, Lola Flores, Isabel Pantoja, Julio Iglesias, Enrique Iglesias, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Alejandro Sanz, Ismael Serrano y tantos otros, porque los consideramos “nuestros” ya que crecimos y seguimos escuchando sus canciones, a la par que nos visitaron en muchas oportunidades Argentina y se sintieron muy cómodos aquí. El público los ama todavía.
      
Y todo se vincula porque el primer día del año 2012 la televisión española transmitió la película “Luna de Avellaneda” que trata de la crisis económica argentina que estalló en el año 2001 después de incubarse unos 10 años favorecida por las políticas de privatización, recortes salariales y despidos, aumento de la edad jubilatoria, desmantelamiento del estado y su infame venta al mejor postor que favoreció suculentos negocios para unos cuantos y la miseria y la desgracia para todo el país.

Y entrañablemente (desde mis vísceras) sentí la urgente necesidad de dedicar un artículo a tantas gentes decentes y de trabajo que fueron asaltadas por la barbarie de la actual crisis que también, beneficia a unos pocos, sí.

Mi pequeño medio de expresión y mi persona se conmueven ante el movimiento de los indignados de España y de todas sus gentes.

El motivo de mi amor por los españoles no debe buscarse en oscuras y no bien definidas razones políticas, sino al hecho que crecí junto con ellos y algunos de sus sitios más importantes son “El Centro Asturiano”, "Centro Gallego", el club de fútbol “Deportivo Español”, el “Hospital Español” para citar sólo algunos de ellos que ahora me vienen a la mente, aunque dejo afuera a muchos más.

Italia y España poblaron nuestro país en momentos de duras condiciones de su historia. ¿Cómo no amarlos?. Sus hijos y nietos somos argentinos.

Pero creo que el amor es recíproco, ya que hay mucho que agradecerles y eso creemos gran parte de los argentinos.
      

2 comentarios:

  1. Algunos economistas afirman que un mercado laboral libre a nivel mundial, sin restricciones a la inmigración, contribuiría a largo plazo, a impulsar la prosperidad general, teniendo un efecto más beneficioso que la libre circulación de bienes y capitales. Otros están en desacuerdo, señalando que esa situación afectaría negativamente a los salarios y a la sindicalización de los trabajadores, y dispararía la población inmigrante a niveles insostenibles. En pro de esta última idea se encuentra el hecho de que el desarrollo tecnológico está dejando sin empleo a millones de personas cada año, tanto en los países desarrollados como subdesarrollados. Y otra idea que hay que tener en cuenta es la del fantasma de la superproducción, tanto de productos agrícolas como industriales, a pesar de que cada vez existen más millones de personas fuera de los niveles mínimos de consumo.Tenemos que ayudar unos a otros, da lo mismo de que país venimos.Saludos

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  2. Concuerdo con el tenor del artículo así como el del anterior comentario. Me gustaría que dejáramos de calentarnos la cabeza con el estúpido nacionalismo y nos ocupáramos en pensar en los verdaderos problemas de la humanidad a nivel planetario.

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