martes, 21 de abril de 2009

¿ADICTOS AL AMOR?


“Me quiere mucho, poquito o nada?”. Deshojando las margaritas.

El primer gran amor de nuestras vidas es, que duda cabe, nuestra madre. De ella dependen los alimentos, bebidas, el calor, el amor, y la satisfacción de todas nuestras necesidades. De ahí en más nos enamoramos de nuestra maestra de primero inferior “B”, de los amigos/as de nuestras primas, de los profesores del secundario, de nuestro primer gran amor “el primero”. De los amores después.

Deseamos el romance y creer que todo comienzo amoroso será para siempre – y fueron felices y comieron perdices. Deseamos la fidelidad del otro aunque no podamos garantizar la nuestra. A las mujeres temen profundamente ser abandonadas y les importa muchísimo si su novio o marido es fiel, a los hombres los preocupa la mera y simple idea de que su mujer le “meta lo cuernos”.

Y la necesidad se extiende a necesitar que los demás sean “testigos” de lo que hacemos, decimos, y básicamente testigos de que existimos. Queremos reír y llorar con los otros. Parece que deseamos ser/el deseo del otro. Queremos que nos reconozcan, que nos aprueben, es parte de la condición humana. Ninguna persona es una isla. Somos gregarios, sociales aún antes de siquiera saberlo anque (y también) sin saberlo.

Está científicamente demostrado que la privación afectiva y el aislamiento prolongado nos enloquece – necesidades que trascienden el alimento y la supervivencia.

Pero cuando perdemos la estima que tenemos de nosotros mismos, la auto-estima, ninguna humillación alcanza para sentirnos seguros y plenos.

La adicción al amor se produce cuando sentimos un deseo incontrolable de ser aceptados y amados, como niños pequeños. Ahí es cuando intentamos cambiar a los demás, necesitamos al otro imperiosamente para que nos complete o “llene”, podemos realizar muy pocas cosas solos, vivimos penando porque hay un “vacío-agujero” (que además Lo hay), buscamos soluciones fuera de nosotros mismos, sufrimos por el alejamiento temporal del “otro”, nos resulta imposible arreglarnos solos, buscamos desesperadamente la aceptación o aprobación del otro, esperamos y exigimos un amor incondicional y a prueba de todo.

Postergamos nuestra alegría sin disfrutar de nuestros logros pequeños. …”Cuando tenga un hombre, cuando adelgace, cuando trabaje menos, cuando tenga mi hijo, cuando se vaya mi hijo, cuando nos mudemos a esa casa maravillosa, cuando me comprenda, cuando tenga más dinero, cuando nos casemos…” y así depositamos nuestras expectativas en una solución externa a nosotros, que nunca llega, pero eso me pasa solamente a mí.

El síndrome de abstinencia es: cuando lo espero hasta la noche porque le hice una comida que tiene que valorar, cuando vivo para él aunque no lo note. Me pongo entre paréntesis hasta que aparezca el ser que me da vida, un poco la historia de Pinocho y el maestro Giussepe.

Pero no hay que engañarnos, los demás no tienen nada que ver. Somos nosotros mismos los que estamos angustiados, asustados, dependientes, desvalidos, desamparados.

Si logramos empezar por ahí tendremos más chances. Si, entendió bien, UD. tiene mucho que ver.

2 comentarios:

  1. Licenciado, con Adictos al Amor, ud demuestra que el pasar de los años es un requisito fundamental para poder ver desde "afuera" nuestro dia a dia. Me pareció una aula que como se debe mirar la vida.
    Felicitaciones !!!

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  2. you...

    poco a poco, día a día, nos amamos más...

    por que en el fondo, queremos llegar al encuentro pleno...

    con nuestro YO mejor...!!!

    es por eso, por aquel, que vivimos... por el que hacemos todo, por quién damos la vida...

    simplemente uno mismo...

    aunque eso generalmente, hace vernos como EGOISTAS..!!!

    :)

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