
Uno tendería a creer que alguna gente de esta época se ha vuelto un tanto desalmada si se la compara con la de épocas anteriores; caída del lazo social según Vivian Forrester en su libro “El Horror Económico”, muerte del padre, discurso capitalista, sólo cuestión de jergas.
Tener más que ser, ausencia de reuniones, desconfianza hacia el prójimo, apuros enfermizos, muchedumbres enloquecidas en ciudades, familias desintegradas o monoparentales, aumento de la pobreza y exclusión, difusión amplia de las drogas caras y baratas, quiebre generacional, café vacíos, clubes barriales desaparecidos, divorcios por montones, desprecio por los mayores, exclusión de los diferentes de cualquier clase, xenofobia, viejismo, relaciones de uso y consumo, hijos que no ven a sus padres, amigos que no aparecen nunca, vecinos que apenas se conocen, cuando se conocen.
Es probable que la gente tenga un poco de responsabilidad por este gran desatino, un poco.
Pero el sistema cultural y económico también está determinando que esto sea así.
Las condiciones están dadas para que los más vulnerables desaparezcan.
Lo que me asombra es que se haya “naturalizado”, porque todos parecen verlo como algo muy normal, moderno.
Generaciones anteriores tal vez, no lo hubieran tomado con tanta tranquilidad.
Como dice en forma cómica la revista Barcelona –El mundo está por terminarse pero a nadie parece importarle.
¿Estoy exagerando? … ¡seguramente!.
Todo bien, ¿bien no?
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