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martes, 16 de junio de 2015

PONELE…



Tomemos un tipo sometido, aburrido, desconocido, omitido como cualquiera, un jubilado que tras 40 o 50 años de trabajo no puede pagarse la vida, un empleado mediocre lleno de deudas dentro de una sociedad que lo seduce al consumo, lo induce de las mil formas posibles. Tomemos a los Nadies, a los que nunca, nunca, nunca se acostarán con la rubia hermosa y jugosa que observan todas las noches en la pantalla, esas frutas exóticas que jamás comerán, los que quedan de la parte de afuera del restaurante del menú ejecutivo de 200 o 300 mangos. Tomemos a los que viven en casillas sin agua, sin gas, a los cartoneros que solían ser clase media apenas 20 o 30 años atrás y ahora son “recicladores”

Tomemos a toda esa gente que quiere ver bien lejos Micky Vainilla.

Para ellos la tele es maravillosa.

Frente a la injusticia cotidiana y los miles de tipos corruptos que “se salvan” mediante el simple cohecho, el sobre salvador de fin de mes, la complicidad pequeña que un día nos permite “la casita”, ahí corrije la tele, único sitio donde podemos ver que invariablemente el Bien siempre triunfa sobre el Mal y que el delito no paga, gran corrector simbólico de injusticias donde nosotros los Nadies siempre somos protagonistas.

Donde la mucama deja de ser “la sierva” para transformarse mágicamente en la novia amada de un chico lindo, un  chico bien, de esos con fortuna y llenos de buenas intenciones.


Dicho lo cual: Pido seriamente que me envíen al mundo de la televisión, pido desesperadamente que me dejen estar cerca de tanto rico bueno, al lado de los justicieros...


Yo también quiero llenar mis carencias con ese néctar que se fabrica en los sets de las películas para que las miren los sonsos, porque señores,

Yo también soy un sonso.   



   

viernes, 21 de mayo de 2010

TODOS LOSERS, VIEJISMO Y FEISMO



VIEJISMO Y FEISMO
(¡QUE HORROR!)
Aunque no ocurre en todo el mundo, en Argentina por lo menos fuera de los mayores de 65 años ya no se sabe quién es viejo y quién no lo es.
El ejemplo es el de personas que pasadas los 35 o 40 años ya no son aptos para trabajar. Lo dicen bien claro los avisos de trabajo: “menos de 35 años” además de pedirte 10 años de experiencia.
Parece que fuera una sociedad fabricada para personas entre 18-37 años y no hablemos de la belleza, los feos no consiguen trabajos – al público por lo menos.
Pero hay un imaginario social de que las personas que no cumplen los mandatos culturales no tienen éxito.
Por eso los mayores usan cirugías plásticas de todos los tipos, toman vitaminas, sexo drogas y otras sustancias no tan inocuas, o se comportan a los 50 años como si tuvieran 25 (caso Ceratti) y se vive la pérdida de la juventud y la belleza como una gran tragedia.
Gran responsabilidad en esto la tienen los medios de comunicación que fomentan esta “cultura adolescente”, casi. Una de mis amigas dice que la gente vive ahora “al palo” y se refiere al vivir excitado, ‘arriba’, deseoso, apurado.
¡Inhumano!
Y todo esto no tendría importancia si todos entendieran la diferencia entre las películas y la televisión y la vida real. Las películas y la televisión son productos comerciales, para vender sin que el comprador pueda pensar.

Es que parecen dos mundos opuestos. El mundo real es muy distinto de la pantalla.

La gente que atesta las ciudades, incluyendo las norteamericanas (donde hay muchos gordos), no se ve reflejada en los medios de comunicación y las películas de Hollywood son el máximo ejemplo de ello, esas mujeres sublimes, bellas caras y cuerpos que dejan sin respiración. Hay mujeres muy bonitas fuera de los medios, pero no son mayoría.

La pubertad, la inmediatez (¡Lo quiero todo Ya!), la velocidad inhumana, la “perfección” en todos los sentidos, los ideales de belleza escuálida (flaca tipo campo de concentración), los pechos y nalgas ‘globos’, hacer el dinero fácil y rápido, esos son los nuevos valores de nuestra sociedad. Lo superficial, lo banal.

Esto sólo perjudica a quienes ‘se lo compran’, lástima por ellos.