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lunes, 10 de agosto de 2015

Vejez, la Edad Maldita



Charles Chaplin un tanto más viejo.
Con un poco de suerte más buenos naipes de nacimiento puedes tener algún buen trabajo o estudiar y ganar como profesional –ni tanto ni tan poco- siempre que seas joven; mayores de 45 o 50 abstenerse como dicen los famosos avisos de pedidos laborales. Puedes tener suerte y quedar conchabado en algún  sitio hasta la jubilación, pero tarde o temprano te dirán que eres viejo, que estás viejo para un cargo apetecible en una compañía. Ninguna prepaga de medicina te querrá porque ere demasiado enfermo y ya no dejas ganancias.
Y tarde o temprano te tocará una jubilación algunas veces menor a lo que ganabas, ¡caramba!
Y lo creas o no ya no importará tu inteligencia, experiencia, capacidades, CV ni nada de nada.
Claro que más joven puedes prever que eso le ocurre a una mayoría de distraídos, torpes, retobados y rebeldes de toda laya: hasta de los que miran fijo a los ojos a sus amos. Ahí podrías cambiar la historia y ahorrar dinero para el retiro, contratar alguna pensión privada en forma de movimientos bursátiles, algo, digo.    

El problema de la mayoría de nosotros es que venimos de una "historia jodida" en la que nunca se nos ocurrió pensarlo ni había como.

Y los políticos son malos matemáticos ya que nunca pensaron que pagar buenos retiros y jubilaciones asegura en nuestro país por ejemplo, un 13 o 14 % de los votos, unos 4 o 5 millones de viejos.  Claro que hay muchos otros modos de asegurarse votos, ya lo sé.

  

sábado, 20 de septiembre de 2014

En Hollywood, el tiempo no perdona... a las mujeres

En mi serie de síntomas del sexismo, después del concurso de la mejor cola del verano: la diferencia que existe entre los cánones de belleza y seducción para hombres y mujeres, en particular en el cine (allí donde muchos chicos y chicas buscan los modelos a los que identificarse).


Ahí donde las mujeres consideradas atractivas tienen que ser jóvenes, esbeltas, sin una sola arruga, sin una onza de grasa y sobre todo, sin una cana (se considera que las mujeres que no se tiñen "se dejan estar"), los galanes siguen siendo galanes, como bien nos explica esta nota de La Nación, acercándose a sus 50 (George Clooney, 49 años) o incluso pasados sus 60 años (Richard Gere, 61 años), por no hablar de sus 70 (Harrison Ford, 68 años, Robert Redford, 74 años).

Ahí los tenemos, arrugados, con el pelo gris, con carne colgando y flácidos, pero eso sí: siguen consiguiendo papeles principales de héroes, aventureros, galanes, etc. Siempre acompañados por mujeres jovencísimas, por supuesto. Como en State of Play, en la que Russell Crowe (46 años, gordo y desaliñado) actúa junto a Rachel McAdams (32 años, flaca, hermosa e impecable). Una diferencia de edad totalmente aceptada. Eso sí, las raras veces en que la mujer es más vieja que el hombre, se le dice "cougar" (puma).
Esos tipos pueden engordar veinte kilos que no pasa nada. Ahora, Britney Spears engorda cinco kilos y allí está toda la prensa tildándola de vaca y mostrando sus rollos.

En las películas de Hollywood, los espectadores varones pueden identificarse con héroes que se les parecen: gordos, arrugados y canosos. Las mujeres sólo tienen modelos inalcanzables de actrices flacas, con la piel estirada y sin canas.

Las mujeres, pasados los 40 años, no solamente tienen que estar impecablemente teñidas y botoxeadas, sino que se tienen que conformar con papeles secundarios (el lugar de la heroína es dejado a una más joven), o de mujeres maduras, madres o abuelas.

"Los mejores papeles son los que hacen para los hombres, esos son los memorables", dijo Nicole Kidman el año pasado.

La actriz Helen Mirren (65 años, es decir, más joven que Harrison Ford, al que siguen dando papeles de galán), se ha quejado en reiteradas oportunidades del machismo de Hollywood: "Me molesta la supervivencia de algunos actores masculinos muy mediocres y la desaparición profesional de algunas actrices muy brillantes", dijo a Showbiz Spy (pueden leer la nota en español aquí).

La revista Spike publicó en 2009 el top 10 de las actrices de Hollywood.que pasaron "su fecha de vencimiento". ¿Viejas decrépitas? Vean por si mismo: Nicole Kidman (43 años), Teri Hatcher, (46 años) Drew Barrymore (35 años), Helen Hunt (47 años), Renée Zellweger (41 años), Lindsay Lohan, (¡¡24 años!!) Sarah Jessica Parker (45 años), Meg Ryan (49 años), Cameron Diaz (38 años), y Julia Roberts (43 años).  Ninguna llega a los 50. Promedio de edad de todas estas mujeres "caducadas": 41,1 años.

O sea, para resumir, pasados los 40, dejan de ser consideradas deseables, sexys y lindas, cuando sus pares masculinos tienen 20 o 30 años más para dejar de serlo.

Pero supongo que siempre habrá gente para decir que no tiene nada que ver con el sexismo, que es simple cuestión de gustos o de dinero...

Original publicado el 29/01/2011 en:
http://bastadesexismo.blogspot.com.ar
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jueves, 10 de octubre de 2013

EL “VIEJISMO”




La noción de viejismo, también traducido como edaismo (ageism), fue introducida por el psiquiatra norteamericano Robert Butler en el año 1969 y permitió visualizar el conjunto de prejuicios y estereotipos sobre el envejecimiento y la vejez.

La sociedad occidental -a diferencia la oriental- tiene terror de la vejez y la muerte, pero sobre todo a la condena social y económica que la vejez implica (exclusión manifestada de distintas formas concretas) En su opuesto, en el barrio chino de Buenos Aires pueden verse hombres mayores tan ocupados y despreocupados como los jóvenes. Una conocida publicidad televisiva es protagonizada por dos adultos mayores y el varón es uno de los locutores argentinos más longevos (¿será mayor que Cacho Fontana?)

El viejismo implica una serie de actitudes y concepciones discriminatorias que se pueden expresar en conductas negativas o violentas hacia las/os adultos mayores; instituciones y políticas sociales inadecuadas y sesgadas; carencia de recursos económicos y comunitarios; falta de accesibilidad, entre otras prácticas sociales que limitan la integración efectiva de las/os adultas/os mayores.

Esta discriminación hacia los ancianos mueve una enorme industria relacionada con la fantasía de la “eterna juventud” y que se relaciona con una amplia gama de cirugías, productos, suplementos, tratamientos y prácticas diversas para disimular la edad cronológica; esto es motorizado por el hecho de que nadie quiere ser asociado con la vejez. Por eso algunas personas mayores tienen un aspecto deliberadamente adolescente.
Esto es más notable en las figuras del espectáculo (personas que luchan por todos sus medios contra la apariencia de la vejez porque su posición social y económica muchas veces depende de su imagen)

Es conocido el hecho que después de los 50 años es prácticamente imposible conseguir un trabajo. Personas que son demasiado jóvenes para jubilarse y demasiado “viejas” para trabajar. Y además la experiencia los hace empleados “intratables” porque son más difíciles de engañar. Una vez jubilados ganan estipendios que no garantizan los gastos que provocan. Una jubilación representa por lo general la tercera parte o menos de lo que el individuo ganaba al trabajar y esto significa que no logran cubrir su canasta básica total; no es diferente de otras partes del mundo donde pueden estar aún peor como ocurre en América Latina, en general.   

Sin embargo figuras como el papa Francisco, Nelson Mandela, Clint Eastwood, Anthony Hopkins y tantas otras figuras notables de todos los rubros, de avanzada edad, nos hacen repensar el concepto del miedo a la vejez y a la enfermedad. Se trata a los mayores cono "restos".

Uno de los factores más complejos del viejismo es que actúa de manera silenciosa, sin ser advertido o, como señalan Levy y Benaji (2004), de manera implícita. A diferencia de los prejuicios sobre otros grupos, donde los victimarios y las víctimas son reconocibles y se expresan manifiestamente.

El viejismo suele no ser explicitado, no aparece como un odio fuerte, aunque el sentimiento negativo hacia el grupo “de viejos” se encuentre muy extendido; y aún las/os adultas/os mayores pueden ser víctimas de su propio prejuicio. Estos procesos y comportamientos se producen automáticamente en los pensamientos cotidianos, sentimientos, juicios y decisiones del conjunto de la población, no aislado.

Estos prejuicios promueven tres actitudes fundamentales de exclusión:

- Una dislocación social que promueve una pérdida de roles económicos y sociales que a su vez generarán menor autoestima y un estatus social disminuido, así como decreciente participación social y familiar.

- El uso de estereotipos: creencias basadas en características excepcionales o inexistentes atribuidas de manera categórica a todos los miembros de un grupo en particular. Las más comunes son considerar enfermos y desexualizados a los mayores.

- La estereotipia como el proceso psicológico y social a través del cual se ignoran los atributos y características personales y se etiqueta a los individuos de acuerdo a estereotipos basados en la afiliación grupal. (McGowan, 1996)

Fuentes:

Este post se realizó con extractos del material del INADI:
Prácticas no discriminatorias en relación con adultas y adultos mayores”
Elaborado en el marco de la Red Nacional de Investigadoras/es contra la Discriminación
Y con otros materiales del archivo.

viernes, 21 de mayo de 2010

TODOS LOSERS, VIEJISMO Y FEISMO



VIEJISMO Y FEISMO
(¡QUE HORROR!)
Aunque no ocurre en todo el mundo, en Argentina por lo menos fuera de los mayores de 65 años ya no se sabe quién es viejo y quién no lo es.
El ejemplo es el de personas que pasadas los 35 o 40 años ya no son aptos para trabajar. Lo dicen bien claro los avisos de trabajo: “menos de 35 años” además de pedirte 10 años de experiencia.
Parece que fuera una sociedad fabricada para personas entre 18-37 años y no hablemos de la belleza, los feos no consiguen trabajos – al público por lo menos.
Pero hay un imaginario social de que las personas que no cumplen los mandatos culturales no tienen éxito.
Por eso los mayores usan cirugías plásticas de todos los tipos, toman vitaminas, sexo drogas y otras sustancias no tan inocuas, o se comportan a los 50 años como si tuvieran 25 (caso Ceratti) y se vive la pérdida de la juventud y la belleza como una gran tragedia.
Gran responsabilidad en esto la tienen los medios de comunicación que fomentan esta “cultura adolescente”, casi. Una de mis amigas dice que la gente vive ahora “al palo” y se refiere al vivir excitado, ‘arriba’, deseoso, apurado.
¡Inhumano!
Y todo esto no tendría importancia si todos entendieran la diferencia entre las películas y la televisión y la vida real. Las películas y la televisión son productos comerciales, para vender sin que el comprador pueda pensar.

Es que parecen dos mundos opuestos. El mundo real es muy distinto de la pantalla.

La gente que atesta las ciudades, incluyendo las norteamericanas (donde hay muchos gordos), no se ve reflejada en los medios de comunicación y las películas de Hollywood son el máximo ejemplo de ello, esas mujeres sublimes, bellas caras y cuerpos que dejan sin respiración. Hay mujeres muy bonitas fuera de los medios, pero no son mayoría.

La pubertad, la inmediatez (¡Lo quiero todo Ya!), la velocidad inhumana, la “perfección” en todos los sentidos, los ideales de belleza escuálida (flaca tipo campo de concentración), los pechos y nalgas ‘globos’, hacer el dinero fácil y rápido, esos son los nuevos valores de nuestra sociedad. Lo superficial, lo banal.

Esto sólo perjudica a quienes ‘se lo compran’, lástima por ellos.